Valle Otal

valle de bujaruelo

El curso superior del Ara, de su nacimiento a pie del puerto de los Mulos y de Cauterets hasta el puente de los Navarros, está claramente deslindando del valle de Broto por la estrecha garganta de los Navarros, hasta tal punto que Lucien Briet decía que el efecto producido por el cambio de decoración que supone de pasar de uno a otro «es tal que se cree haber atravesado ya los Pirineos de parte a parte». Y realmente es la zona más bravía, más pirenaica de todo el valle del Ara y la que más sorpresas brindará a cualquier amante del Pirineo. Porque sigue teniendo vigencia la afirmación de Mallada de que «este solitario extremo del valle de Broto es de los rincones más agrestes y menos conocidos de los Pirineos. 
Este valle, denominado así por ser San Nicolás de Bujaruelo la única parte habitada antaño que hay en toda su extensión, pertenece entero al término municipal de Torla-Ordesa. Tiene forma triangular, con su vértice en el pico Alfonso Meillón (2.287 m) y al Ara como bisectriz, con un recorrido de unos 20 kilómetros. Lo separa del valle de Tena el espolón que une la sierra de Tendeñera (2.853 m), Baldarairán (2.702 m), Brazato (2.760 m), Batanes (2.905 m) y Bramatuero (2.906 m). Se comunica con dicho valle por los collados de Tendeñera (2.545 m), Brazato (2.574 m) y del Letrero (2.637 m). Por oriente, el elevado y sombrío macizo del Vignemale y su estribación meridional, la sierra de Sandaruelo y el Taillón separan a Bujaruelo con el vecino valle de Ossué. Las estribaciones orientales de Tendeñera, entre las que sobresale la Peña de Otal o Arañonera (2.705 m), lo cierran por el Sur, y el enorme escarpado de Mondarruego le sirve de gozne con el valle de Ordesa.
Se penetre en este valle desde el mismo puente de los Navarros, de donde arranca una pista forestal de poco más de 7 kilómetros, practicable para vehículos, que conduce a San Nicolás de Bujaruelo. Ya desde el primer momento el río Ara ruge encajonado entre los farallones de la Garganta de los Navarros, en medio de una vegetación delirante, en la que se entremezclan hayas, pinos, abetos y pino negro, así como grandes matorrales de boj. Sólo alteran la majestuosidad de este tramo de paisaje las grandes torres utilizadas por para el transporte de energía eléctrica entre ambos países.
Poco después de dejar a la izquierda el barranco de Camas, la pista cruza al margen derecha del río, en ensanchándose brevemente bajo el Tozal del Cebollar. Y algo más adelante, al pie del barranco de Santa Elena, medio oculta entre la vegetación, está la ermita de Santa Elena. A partir de aquí el cauce vuelve a encajonarse algo en la garganta de Bujaruelo, flanqueada por las Murallas de la Gatera, a oriente, y los contrafuertes de la Peña de Otal y del Turbón, a occidente. A pasar por el barranco del Turbón se tiene una breve y bella visión de las blancas cumbres de Tendeñera, emergiendo entre los oscuros bosques.
Poco después de sobrepasar las Peñas de Ciancias, el valle se abre inesperadamente, formándose un pequeño circo oval que enmarca un prado de regular tamaño. Aquí se asentaba el antiguo y minúsculo caserío de San Nicolás de Bujaruelo (Boucharó como dicen los franceses), actualmente zona de acampada y refugio, a 1.338 metros de altura, nombre de Bujaruelo que parece aludir a la abundancia de boj en el contorno. Antiguamente constaba el caserío de asilo-mesón, con una borda anexa, una ermita dedicada a San Nicolás y un cuartel avanzado de la Guardia Civil, Carabineros en épocas anteriores. Del asilo-mesón, recia construcción pirenaica, con una gran chimenea de campana, al que llaman «Casa Víu», dicen los estatutos de la mancomunidad del Valle de Broto que es destinado a «albergue de transeúntes que van y vienen de Francia, de los vecinos  ganaderos y pastores que durante los meses de verano tienen sus ganados pastando en las montañas contiguas que se extienden hasta los límites de Gavarnie (Francia), Cauterets (Francia) y Panticosa, y a refugio hospitalario durante los meses de invierno y primavera de cuantos transeúntes franquean los horrorosos ventisqueros de la cordillera pirenaica por el puerto de Gavarnie, que de vez en cuando causaban desgracias personales, y las que muchas que ocurrían si no por el albergue mencionado asilo, pues un trayecto de 30 kilómetros, de Torla-Orde a Gavarnie, en dichos meses, sin ningún albergue sería imposible. Y del arrendatario del mismo especificaban que «deberá tener en buenas condiciones de aseo y comodidad algunas habitaciones con camas y demás enseres precisos para hospedar a los transeúntes que lo deseen, provisiones de boca para satisfacer las necesidades de aquellos y paja y cebada para las caballerías que lleven consigo, debiendo someter a la aprobación de la Junta del Valle los precios que podrá exigir  por aquellos servicios». Tan laudables propósitos se han traducido en la actualidad en que el tal mesón funciona como albergue-refugio moderno, son servicio de bar y restaurante para turistas y durante poco más de seis meses abierto al año.
De la iglesia ermita en total ruina en la actualidad, se podría comentar que era del estilo románico (siglo XIII), con ábside de tambor y bóveda de cascarón, y su nave estaría cubierta por bóveda de cañón reforzada con arcos fajones. Contenía un retablo gótico pintado en 1494 por Alfonso Pérez. Hasta la parte final de la segunda mitad del XX venía todos los domingos un cura de Broto a decir misa. Al haberse venido abajo el hastial occidental y parte de la bóveda, su ruina es casi total. A nadie le pareció importar ni poco ni mucho una iglesia románica tan antigua ubicada en semejante lugar.
Junto al albergue se encuentra un precioso puente, una de las estampas más conocidas del valle de Bujaruelo, románico de un solo ojo permite cruzar el río Ara para tomar el camino de herradura que trepa, en innumerables revueltas hasta el puerto de Bujaruelo o de Gavarnie (2.257 m), que se alcanza entre una hora y media a dos. La subida al puerto, aún sin sobrepasarlo, tiene el interés de la admirable panorámica que se tiene del pico de Tendeñera, al Oeste, y del valle de Pouey Aspé y de Gavarnie, al NE. En la cumbre la llamada «piedra de San Martín» señala el límite entre las dos naciones. También es aconsejable, antes de llegar a ella, desviarse hacia la izquierda en la Plana de las Pazosa  (1.965 m) para dirigirse al ibón de este mismo nombre (2.253 m), siguiendo el barranco por el que desagua. Aparte el encanto propio del paraje se goza desde este punto de vista una maravillosa perspectiva del gigante el Taillón (3.144 m.), que «parece una masa de crista cuajado llena de surcos, como si lo hubiesen moldeado sobre la montaña» en frase de L. Mallada.
Otro camino muy frecuentado por ganaderos y visitantes que van hacia los pastos de la vertiente francesa, se bifurca del anterior en el punto en que llega al barranco de la Pazosa y siguiendo por la plana y barranco de Sandaruelo asciende hasta el ibón y puerto de Bernatuara (2.236 m), en un pequeño circo formado los picos de la Crapera (2.465 m.) y de Bernatuara (2.718 m).
Volviendo a Bujaruelo, tomaremos la pista forestal que nos ha llevado inicialmente a San Nicolás de Bujaruelo, que después de seguirla en un corto espacio de tiempo por la margen derecha del río Ara, se divide la misma, hacia el valle de Otal y de Ordiso, la de la izquierda, Otal, comienza a ganar altura para introducirnos en lo más profundo de él, con un recorrido de siete kilómetros. Este encantador valle, secundario del de Bujaruelo, es de característica forma en U, que denuncia su origen glaciar, y cubierto de extensos pastos, está limitado al N por los picos de Asnerillo, entre los que destaca el Ordiso (2.319 m.), y al SE por el pico de Tendeñera (2.835 m.) y la extremidad oriental de la sierra de este nombre, que alcanza cotasen la Peña de Otal (2.709 m) y pico Turbón (2.300 m). Una senda que trepa por la ladera N de este valle cruza el collado de Tendeñera para llegar a Panticosa. También desde este último collado es muy interesante la ascensión al pico de Tendeñera, en la que se emplean algo más de dos horas, por constituir su cumbre  uno de los mejores belvederes de esta zona. En efecto, como ha escrito Mallada, «en la separación del valle de Broto y Tena hacia esta parte rodean a Tendeñera más de treinta picos afiliados que se escalonan entre Yenefrito, el Ara y el valle de Otal; y con decir que todos ellos se  remontan a más de 2.000 metros de altura y entre 500 y 800 sobre los valles, depresiones y anfiteatros que los separan, y que no pasa de 100 kilómetros cuadrados la superficie horizontal que ocupan, s comprenderá con qué grandiosidad, con qué formas tan atrevidas, con qué disformes tajos y vertientes se ofrecerán a la vista». A esta cumbre, conquistada por primera vez por el inglés Packe en 1871, se llega desde el citado collado cresteando en dirección SW, y desde ella se ofrece un espléndido panorama del Vignemale, Collarada, Monte Perdido, valle de Ordesa, Posets, Montes Malditos, Midi d’Ossau, Balaitous, picos del Infierno, Gours-Blancs y gran parte del pre-pirineo, incluida la característica Peña Oroel.
En la bifurcación citada anteriormente, en que se inicia el tramo de pista forestal hacia el valle de Otal, la otra parte de la bifurcación se dirige hacia la entrada del valle de Ordiso, secundario del de Bujaruelo, más hacia el N., tras la cual, y en senda siguiendo la mayor parte por la orilla izquierda del río Ara, faldeando primero la sierra de Sandaruelo y luego el macizo del Vignemale por el Cerbillonar. Se entra así en la zona de formación del río, con las aportaciones del barranco de Espelunz, que baja del ibón de este nombre; del de los Batanes, que se nutre de los dos pequeños ibones así llamados, y del que desciende de los ibones de los Buitres, todos ellos por la vertiente occidental del valle, así como de las fuentes propiamente dichas del Ara, situadas en el circo del Ara, entre Col d’Artatille y el puerto de Cauterets. Más modestas son las contribuciones que recibe de la parte oriental a través de los barrancos del Cordal, del Salto de Pich, de Planobé y del Vignemale.
El último plato fuerte de esta descripción por el ato valle del Ara lo constituye el impresionante macizo del Vignemale, situado en su extremidad nororiental. Su verdadero nombre aragonés debía ser, según el conde Saint-Saud, el de «Cerbillonas», y según L. Mallada «algunos montañeses de Tena y del valle de Broto conocen con el nombre Comachibosa», (otros lo escriben como Comachimosa y Comachivosa: como en tantos casos de la toponimia pirenaica, así como en la asignación de cotas, hay gustos para todos).
Para una descripción de este macizo hay que remitirse a la que realiza Mallada en aquellos años: «Viñamala es un monte ancho y sombrío, el más alto de la línea fronteriza y de los menos visitados de los Pirineos, a causa de su fuerte declive en sus vertientes y del abandono y del aislamiento de las desiertas comarcas que le rodean por el lado de España. Se compone de su cima de dos picos: el oriental, 250 metros más bajo que el occidental, domina un helero llamado por los franceses de Ossue o de Montferrat, de los más grandiosos de la cordillera, pues se extiende de E a O en una longitud de tres kilómetros con una anchura de uno. En su parte inferior se halla tan recortado y fraccionado y de tal modo se acumulan los témpanos desprendidos de él, en confusa mezcla con los peñascos, que con razón le han comparado algunos viajeros con las ruina de una ciudad colosal arrasada por alguna catástrofe. Tiene al principio el glaciar una inclinación muy fuerte, que le hace casi impracticable; sus pendientes se suavizan en el medio, donde se marcan las crepazas más formidables de los Pirineos, algunas de algún kilómetro de longitud y todas con profundidad y anchura considerable. Varias de ellas cortan a pico en secciones que pasan de 20 metros de altura, y termina por fin este glaciar cerca de la cumbre en una extensa planicie, casi siempre cubierta de nieve.
Cabe añadir que las dos permanentes tentaciones de los escaladores del Vignemale, el Couloir de Gaube y el Pitón Carré, se encuentran en la vertiente francesa, lo mismo que el glaciar anterior, y que a su cima más elevada llaman los franceses Pique Longue y alcanza la muy respetable cifra de 3.303 metros. Su ascensión por la parte española, cara S, se efectua por la llamada «Vía del Principe de Moskowa» (quien la inauguró el 7 de agosto de 1838), que parte de la cabaña de los Batanes, en la confluencia de este barranco con el río Ara, y va por el barranco de Labaza y los picos de Tapau, Montferrat, Central y Cerbillonar.
 
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